LANZAROTE Y FUERTEVENTURA · LOS MAJOS
En las islas más orientales y áridas del archipiélago vivieron los majos —majoreros en Fuerteventura—, un pueblo ganadero cuyas raíces se remontan a los primeros contactos con navegantes fenicios y romanos, siglos antes que en el resto del archipiélago.
Los primeros en poblarse
Las islas orientales fueron las primeras del archipiélago en recibir población: hay indicios de presencia fenicia en Lanzarote hacia el siglo X a. C., y de actividad romana en los siglos posteriores, hasta que el fin del dominio romano en el norte de África dejó a estas comunidades aisladas, dando origen a la cultura majo propiamente dicha.
Un pueblo de pastores y de cabras
Con menos recursos agrícolas que el resto del archipiélago, los majos basaron su economía casi exclusivamente en la ganadería —sobre todo de cabras—, complementada con pesca, marisqueo y una agricultura muy limitada de cebada. Vivían en «casas hondas», viviendas de piedra semienterradas, y en Lanzarote se practicaba además la poliandria: no era raro que una mujer tuviera hasta tres maridos.
Reyes, ídolos y huellas en la piedra
Lanzarote tuvo reyes hereditarios —Zonzamas, Guanarame, Guadarfía— asesorados por un consejo de decenas de hombres, mientras que Fuerteventura se organizaba en dos territorios, Jandía y Maxorata, separados por un muro que cruzaba la isla de costa a costa. En ambas islas se han hallado ídolos de arcilla, como el célebre Ídolo de Zonzamas, y miles de grabados podomorfos —huellas de pies excavadas en la roca— en lugares sagrados como la montaña de Tindaya.
GRAN CANARIA · LOS CANARIOS
En Gran Canaria se desarrolló la sociedad aborigen más compleja del archipiélago: un auténtico protoestado con rey, nobleza y ciudades fortificadas, cuyo nombre acabó dando gentilicio a todo el archipiélago.
De canarios a canarios: un nombre que se hizo isla
El término canario nació para designar solo a los antiguos habitantes de Gran Canaria, pero se extendió pronto a todo el archipiélago y, más tarde, a cualquier persona nacida en las islas. Sus antepasados llegaron desde el norte de África entre los siglos III y V d. C., y algunos estudios sugieren incluso una segunda oleada migratoria varios siglos después.
Nobles, villanos y un rey en la cúspide
Los canarios alcanzaron el mayor grado de organización política de todos los aborígenes canarios, con una sociedad dividida entre nobles y villanos, y un guanarteme —rey— a la cabeza de cada uno de los dos grandes territorios en que se dividía la isla: Gáldar y Telde. Vivían en cuevas artificiales y en casas de piedra que llegaron a formar auténticas proto-ciudades, y almacenaban el excedente de grano en graneros comunales como el Cenobio de Valerón.
Ídolos de barro y el ídolo de Tara
Adoraban a un ser supremo, Acorán, y al sol, Magec, además de temer a un espíritu maligno que se aparecía en forma de perro lanudo, el tibicena. Fabricaban ídolos de arcilla con marcados rasgos femeninos, como el célebre Ídolo de Tara, vinculados posiblemente a ritos de fertilidad, y realizaban peregrinaciones a montañas sagradas como Tirma para pedir lluvia.
La sociedad canaria de Gran Canaria fue la única del archipiélago en alcanzar la forma de un auténtico protoestado, con rey, nobleza y clases sociales diferenciadas.
Majos y canarios compartían el mismo origen bereber y el mismo mar, pero desarrollaron dos formas muy distintas de habitar sus islas: la sobriedad ganadera de las llanuras orientales frente a la complejidad social de Gran Canaria. Dos capítulos imprescindibles para entender de dónde viene el Camino del Guanche.
