La mejor época para recorrer el Camino
Primavera y otoño son, en general, las estaciones más agradecidas: temperaturas suaves tanto en la costa como en las cumbres, y menor probabilidad de calima o de nieve en las cotas altas de Tenerife y La Palma. El verano añade calor fuerte en las zonas bajas de islas como Lanzarote o Fuerteventura, mientras que en invierno las cumbres del Teide o la Caldera de Taburiente pueden amanecer con hielo.
Ninguna época cierra el Camino por completo: lo que cambia es qué tramos conviene caminar en cada momento del año.
Los guanches conocían bien esto: en Canarias el clima no depende tanto del mes como de la altitud. Un mismo día puede empezar con niebla en la costa y terminar con sol firme a mil metros, o al revés. Elegir cuándo caminar el GR 131 es, sobre todo, elegir qué relación quieres tener con esa variación.
Un archipiélago, siete microclimas
Es el factor que más se subestima al planificar: la dificultad real de una etapa depende menos de los kilómetros que del desnivel y del microclima que atraviesa. Subir de la costa a la laurisilva, y de ahí a la cumbre pelada, puede significar pasar por tres temperaturas distintas en una sola jornada. Conocer esa lógica —la misma que manejaban los guanches al moverse entre costa y medianías según la estación— es la diferencia entre una etapa disfrutada y una etapa sufrida.
